No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Coquí

Eleutherodactylus coqui- No hay sonido más característico de las noches de nuestra tierra que el cantar del coquí. Esa melodiosa y típica voz es emitida por dos especies: E. coqui en toda la isla y E. portoricensis en las montañas. Los herpetólogos pueden distinguir el co-quí de ambas, pero para casi todos los demás boricuas la canción es una misma sucesión de dos notas. En Puerto Rico habitan otras quince
especies de coquíes, cada una con su canto particular, todos emitidos por el macho para expresar territorialidad y llamar a la hembra. Una peculiaridad de los coquíes es que, a diferencia de otras ranas y sapos, no necesitan agua para reproducirse; todo el desarrollo  embrionario sucede dentro del huevo, del cual emerge un coquí en miniatura.

El mayor mito sobre el coquí es que muere lejos de su tierra. Es creencia errónea porque E. coqui vive en las Islas Vírgenes, en partes del sur de los Estados Unidos, en la República Dominicana y en Hawái. En el último lugar se ha reproducido con tal éxito que en algunos lugares su densidad poblacional es más alta que en El Yunque. Su canto ensordecedor ha bajado el valor de las propiedades y el apetito de tantos coquíes amenaza poblaciones de insectos nativos. Las autoridades y los residentes de Hawái han usado varias medidas de control, incluyendo agua caliente para quemarlos, ácido cítrico y cafeína para envenenarlos y cal para deshidratarlos. También los hechan en agua con jabón o los congelan. Aquí no hacemos esas cosas. Por el contrario, tristes son nuestras noches sin un solo co-quí.

También te puede interesar

Tu opinión es muy valiosa. Déjanos un comentario

José Mari Mutt nació y se crió en Mayagüez, Puerto Rico. Obtuvo el grado de Bachiller en Zoología en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico y los grados de Maestro y Doctor en Entomología en la Universidad de Illinois. Durante 35 años trabajó como profesor de Biología en el RUM. Fue Editor del Caribbean Journal of Science durante doce años y Director del Departamento de Biología, de la Oficina de Publicaciones del Colegio de Artes y Ciencias, de la Oficina de Estudios Graduados y de la Biblioteca General. Casi una centena de artículos científicos y especializados dan cuenta de su intensa y comprometida trayectoria. Una de sus más recientes iniciativas es Ediciones Digitales, un proyecto académico de acceso abierto, sin fines de lucro y sin más propósito que compartir en la red los resultados de diversas investigaciones.