No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Cueva Yuyu

Cueva Yuyu de Ciales

PLN- En el pueblo de Ciales se encuentra la Cueva Yuyu. Por esta cueva cruza un cuerpo de agua y cuenta con hermosas formaciones naturales de piedra calcita. Las formaciones de calcita tardan cientos de años en crearse.

La persistencia y la curiosidad llegaron a una cueva un día: testimonio sobre el descubrimiento de ‘Yuyú’. Annie Rivera Casellas comparte sus memorias del descubrimiento de Cueva Yuyú

Si perdemos el sentido del misterio, la vida no es más que una vela apagada” Albert Einstein (Cita colocada en la tarja que honra a Yuyú)

“Cuando ya las fuerzas abandonaban a los exploradores, de pronto Yuyú casi se cae en un precipicio y se escuchó: ‘¡Ey, oigan, aquí!’. Observó bien aquel hueco en el suelo y gritó: ‘¡Ajá, éste es, lo encontré, lo encontré! ¡Ese es el río; ja, ja, ja, te encontré! ¡Muchachos vengan, aquí está!’ ”. Así relata Annie Rivera Casellas, esposa de Juan F. Velázquez Bird, el momento del descubrimiento en el 1985 de la cueva donde comienza el Sistema de Cavernas Río Encantado (el río subterráneo más largo de Puerto Rico), la cual hoy conocemos como Cueva Yuyú en honor a un aventurero cuya historia merece ser contada.

Juan F. Velázquez Bird nunca perdió su deseo de aventura. El mismo deseo que lo llevó a realizar un gran hallazgo del que todos disfrutamos hoy día. ‘Yuyú’ falleció el pasado 26 de febrero del 2014, pero su legado vive tierra adentro en Cueva Yuyú.

Sin embargo, este no fue un descubrimiento súbito. Se necesitaron unos 23 largos años para saciar la persistencia y la curiosidad de Velázquez Bird. El propagandista y vendedor comercial, quien también era líder de niños escuchas, estuvo por años contándole a su circulo de amigos aventureros y exploradores sobre la sospecha que él tenía de la existencia de una cueva en el barrio Frontón de Ciales.

Velázquez Bird llegó a Frontón en la década de los años sesenta como parte de sus labores como propagandista por toda la isla. Allí conoció a su esposa y compañera de vida y aventuras, Annie Rivera Casellas, hoy maestra retirada y quien compartía con Yuyú su amor por la espeleología.

“Lo conocí -a Yuyú- cuando hacía propaganda y distribución por la isla. Ya cuando éramos novios, papá -José Rivera Román- lo dejaba visitarme y le contaba de un lugar donde sus vacas desaparecían. Papá arrendaba y tenía terrenos por el área. Siempre en las noches soltaba sus vacas y las revisaba. Yo lo acompañaba desde niña. A veces íbamos a verlas y regresaba diciendo frustrado ‘otra vez los cuatreros nos robaron una vaca’ ”, recuerda Rivera Casellas.

Años más tarde, ya para el 1985 Yuyú ingresa a la Sociedad Espeleológica de Puerto Rico -SEPRI- y le informa a la membresía de un río subterráneo que despertó una gran curiosidad en él. Yuyú les contó que en una de sus visitas al barrio Frontón de Ciales, junto a la Tropa de Niños Escuchas 655 del Colegio María Auxiliadora, escuchó un gran ruido proveniente de una corriente de agua que discurría subterráneamente.

Yuyú percibió el ruido a través de un agujero sobre la superficie por donde caminaba. Quedó sorprendido y desde ese entonces se propuso continuar investigando la procedencia de ese sonido, lo que se convirtió en una gran obsesión. Sin embargo, en los años subsiguientes no contó con el tiempo necesario para explorarlo. Cuenta Rivera Casellas en un documento inédito titulado ‘Espeleorecuerdos’ al que tuvo acceso Para la Naturaleza, como en otra visita a a los campos de Ciales, Yuyú se topó con un gran hueco en el suelo.

“Comprendió que en el fondo de ese hueco profundo se deslizaban las aguas de un caudaloso río y que ese río era el que había escuchado anteriormente. Su deseo fue de inmediatamente explorar con la tropa de scouts con la que caminaba. Pero al no contar con el equipo necesario, no tuvieron la oportunidad de penetrarlo. Necesitaba cascos, luces y equipo vertical con el cual podrían descender a aquellas oscuras profundidades”, relata Rivera Casellas.

Las narraciones de Yuyú ante los miembros de SEPRI despertaron curiosidad y ‘mucha tentación’ entre los espeleólogos, según su esposa. Pero el deseo y la curiosidad que alimentaban las narraciones de Yuyú no fueron catalítico suficiente para que un grupo de expertos se lanzara a explorar la zona. A un año de haberse unido a SEPRI, Yuyú decidió tomar acción y se lanzó junto a tres de sus compañeros en pos de la la aventura exploratoria. Lo acompañaron Orlando Díaz, Ahmed Valencia y Mario Encarnación.

Un fin de semana del 1986 llegó el día más esperado para Yuyú: cuatro espelólogos al fin explorarían la naturaleza que por más de veinte años había estimulado la imaginación y la curiosidad de Velázquez Bird. Cuando llegaron al área descubrieron que el paso del tiempo había hecho más difícil el acceso al área, pues ya casi no existían veredas. Dedicaron sábado y domingo enteros a su búsqueda, pero no encontraron nada.

“Yuyú a menudo recordaba aquella desazón, aquella sensación de frustración de sentirse traicionado y duramente castigado por su intuición mental. Se sentía molesto y contrariado, pero no desistió de su empeño y le dijo a sus compañeros que volvieran. Los tres compañeros estuvieron de acuerdo”, reflexiona Rivera Casellas en sus ‘Espeleorecuerdos’.

Volvieron a intentar su búsqueda durante el transcurso de varios fines de semana, pero no lograban dar con su objetivo. Velázquez Bird y sus colegas estaban ya un poco desconcertados. La incertidumbre de no poder cumplir con los objetivos de las expediciones llevó a Yuyú a pensar que estaba perdiendo credibilidad ante sus amigos, por el asunto de la existencia de la cueva que él tanto insistía en explorar. Sin embargo, uno de aquellos sábados Yuyú se propuso que darían con la cueva de una vez y por todas.

Los cuatro exploradores caminaban silenciosos, cada uno absorto en sus pensamientos cuando Orlando rompió el silencio. “Yuyú esta vez exploraremos hasta las primeras horas de la tarde y será nuestra última vez. A otro que dé con el dichoso agujero que ya apesta.”, cuenta Rivera Casellas sobre las palabras del colega de Yuyú, que fueron tomadas por Velázquez Bird como una burla.

El calor apremiaba. Los sofocaba al borde de la deshidratación. Pisoteaban y echaban el pasto hacia los lados, de mala gana, para poder hacerse camino. En un momento otros acompañantes, que ya estaban muy cansados, pararon la exploración. Según Rivera Casellas, en aquel momento su esposo Yuyú casi se arrodilló ante sus colegas rogándole: “por favor media hora más, estoy seguro que hoy lo encontraré”.

Así sucedió. Entonces llegó el momento del descubrimiento por parte de Yuyú. Brincaba lleno de júbilo. Al ver aquella apertura en el suelo, los colegas de Velázquez Bird se llevaron las manos en la cabeza en gesto de asombro al escuchar el agua del río que discurría y cuyo alboroto daba noticia de que estaban ante un cuerpo de agua de un gran caudal.

Rivera Casellas relata que fue Orlando Díaz quien invitó al grupo a que completaran su exploración. “Pues a bajar, pero tenemos que apresurar el descenso, pues ya casi cae el atardecer y no quiero ver la noche aquí. Somos cuatro personas, así que dos bajan y dos nos quedamos fuera”, dijo el amigo aventurero de Yuyú. Yuyú y Orlando decidieron quedarse en la superficie. Ahmed y Mario bajaron.

“Esto es un pasillo largo y grande, lo que parece ser una gran cueva con un río subterráneo”, exclamaron Ahmed y Mario desde el interior de la caverna. Una hora más tarde, subieron a la superficie sorprendidos pero con una agenda clara: había que explorar la cueva con más personas y con mejor y más equipo especializado, pues se dieron cuenta que estaban ante un río subterráneo muy largo.

Los cuatro exploradores informaron el hallazgo a SEPRI en la próxima reunión y allí se acordó que llevarían a cabo la siguiente exploración, ahora con un buen grupo de espelólogos. El grupo de espeleólogos logró su misión: exploraron el río subterráneo que dio origen a la formación de aquella gran cueva. Rivera Casellas recuerda que en aquella ocasión sólo se exploraron unos cuantos pasillos. Entonces vino la encrucijada de nombrar la cueva recién descubierta. Surgieron varias alternativas, sin embargo la sugerencia de Rivera fue la aceptada.

“¿Quién fue el insistente en esta búsqueda? ¿Quién nos alertó por primera vez de esto? Entonces nada más justo que lleve el nombre de Yuyú, su descubridor”, exclamó la esposa de Velázquez Bird. Así fue inscrita la cueva. Luego de dos años más de estudio y exploración, los espeleólogos de SEPRI descubrieron que en Cueva Yuyú comienza el Sistema de Cuevas Río Encantado.

Desde el 2011 hay una tarja en honor a Velázquez Bird a la entrada de la cueva que lleva su nombre y muy cerca su familia sembró una ceiba para conmemorar la hazaña de aquel hombre cuya persistencia y curiosidad lo llevaron a descubrir el río subterráneo más largo de Puerto Rico.

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Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.