No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

El anacoreta y el pozo

El anacoreta y el pozo

Aquel año la sequía fue horrible. El pequeño hilillo de agua que apagaba la sed del Anacoreta y alimentaba el pequeño embalse para regar, se secó. El anciano llamó a su discípulo y le dijo:

— Vamos en busca de un pozo.

El joven miró extrañado al Anacoreta, pero le siguió confiadamente. Tras varias horas de camino, el discípulo empezó a dudar de que lo que hacían fuese razonable. Tímidamente dijo:

— Maestro, ¿no crees que es absurdo buscar un pozo al azar en el desierto?

El Anacoreta sonrió. Y pasando la mano sobre el hombro del discípulo, dijo:

— ¿No has leído el Principito? lo mismo pensaba Saint-Exupery y después comprendió.

El discípulo no entendió lo que quería decirle el Anacoreta, pero siguió caminando.

Se hizo de noche y apareció sobre ellos ese cielo magnífico, tachonado de estrellas, como sólo puede verse en el desierto. El Anacoreta volvió a hablar suavemente:

— No es con los ojos que hay que buscar; es con el corazón. El zorro le dijo al Principito que las cosas más importantes sólo se pueden ver con el corazón. Mira el desierto; es bello. Su belleza está en que esconde un pozo en algún lugar, y sólo lo podremos encontrar con el corazón.

Encontaron el pozo al amanecer. Y como el del Principito, era un pozo con polea, cubo y soga. Y cantó al tirar la cuerda…

Bebieron y el agua les supo a noche de estrellas, a esfuerzo, a cántico…

El Anacoreta miró tiernamente al joven y le dijo:

— Todos escondemos un pozo en nuestras vidas. Sólo lo encontraremos con los ojos del amor, pero el día que demos con él, nuestra alegría será inmensa y nunca más querremos beber de otro lugar.

Luego se levantó y añadió:

— Volvamos a nuestra cueva. Creo que el agua ha vuelto a brotar.

Y el desierto guardó sus pasos como un tesoro…

Por Hno. Joan Josep Tamburini

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Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.