No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Amago de entendido y Luis Muñoz Marín

La retórica tribunicia independentista de los principales líderes unionistas y las componendas que se denuncian entre Yager y el liderato del Partido Unión de Puerto Rico provocan la idea de un entendido entre socialistas y republicanos, especialmente en lugares donde tal entendido pueda propiciar el triunfo electoral contra la Unión. Es el inicio de un tortuoso período de alianzas y coaliciones en la política puertorriqueña, asunto al que los partidos políticos en general prestan más atención y dedican más energías que a confrontar la grave crisis económica que se enseñorea en estos años sobre la Isla. La idea del acercamiento electoral llega a discutirse durante la asamblea que el Partido Socialista celebra en octubre de 1920, pocos días antes de la elección general. En medio de las discusiones, un joven delegado, «imbuido en ideas socialistas radicales», pide la palabra para oponerse al entendido. Se trata de Luis Muñoz Marín, el hijo de Muñoz Rivera, quien al justificar su oposición a la idea del entendido expresa que «el capitalismo era un cuervo del cual el Partido Unionista era el ala derecha y el Partido Republicano era el ala izquierda». En sus Memorias, Muñoz Marín se refiere a la propuesta de la coalición de socialistas y republicanos, afirmando:

«Desde el punto de vista de ganar una posible mayoría legislativa y controlar unos departamentos ejecutivos y distribuir unos empleos burocráticos, la propuesta parecía tentar a Iglesias y a muchos otros líderes socialistas; sin embargo, se reservó su opinión y dejó que fuese el líder de los influyentes tabaqueros, Prudencio Rivera Martínez, el que defendió en la asamblea y logró que ésta aceptara la proposición republicana. Yo era uno de los delegados por el comité de Santurce. Me opuse a la proposición con razonamientos doctrinarios de lucha de clases, pero con el señalamiento instintivo de que en tal abrazo resultaría estrangulada la esperanza de un partido de verdadera renovación como lo era el Socialista. Compartieron mi oposición seis o siete delegados, entre los cuales recuerdo a los siguientes líderes obreros: Ramón Barrios, después senador socialista y miembro de la Constituyente del 51, Florencio Cabello, de Barrio Obrero; Jorge Gautier, de Fajardo, Epifanio Fiz, de Bayamón, creo que Julio Aybar, de los tipógrafos, de Puerta de Tierra. Nuestra intransigencia nos llevó a retirarnos de la asamblea. Supusimos que, con o sin nuestros votos, la asamblea aprobaría la coalición. Nos fuimos para nuestras casas.

Pero no fue así. Esa misma noche recibí llamada de Iglesias para el caserón que ocupaba con su numerosa familia en la Calle del Parque. Allí estaban los líderes del movimiento de toda la Isla. La coalición se había dejado en suspenso indefinido. Iglesias explicó por qué: la mayoría de los delegados la favorecían, pero el Partido Socialista no debía proceder a base de una mayoría y abrumar a una minoría sincera y resuelta en una decisión de gran significado como la de unirse a un partido burgués, tradicional enemigo de la clase obrera…».
Con su participación en esta asamblea, Muñoz Marín inicia su protagonismo en la vida pública de Puerto Rico, hasta convertirse en uno de los políticos más decisivos de todo el siglo.
Para la elección de 1920 rige una nueva ley electoral, aprobada el 25 de junio de 1919. Con ésta se establece la Junta Insular de Elecciones, que dirige un presidente y superintendente general de elecciones. La ley permite representación en el aparato electoral solamente a los dos partidos políticos que en la elección precedente hayan obtenido el mayor número de votos. Así, son reconocidos como partidos principales el Unionista y el Republicano, mientras el Socialista se queda sin representación en las juntas electorales y los colegios de votación y tiene que inscribir sus candidatos por petición. Ciertamente se trata en este último aspecto de una ley injusta y arbitraria. Una disposición de la nueva ley hace obligatorio el voto, condenándose penalmente a quienes no voten y suspendiéndoseles su derecho electoral por ocho años. (Esta disposición se elimina luego de la elección de 1920). Se reafirma el sufragio universal masculino, aunque no pueden votar los convictos por delito grave, los mendigos y los asilados en instituciones de salud públicas. Las mujeres continúan rezagadas.

Publicaciones que también te pueden interesar

Tu opinión es muy valiosa. Déjanos un comentario

Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

Patrocinadores de Oro

Respalda el Comercio de aquí y fortalece la economía