No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Asoma la violencia política

El 24 de octubre de 1935 el estudiantado de la Universidad de Puerto Rico es convocado a asamblea general en Río Piedras para protestar previas declaraciones del líder nacionalista Albizu Campos en las que éste cuestiona la masculinidad de los universitarios al no asumir posiciones radicales en defensa de la independencia. Tratando de impedir la manifestación del estudiantado, el liderato nacionalista convoca seguidamente una concentración de sus seguidores justamente frente al lugar donde ya ha sido citada la de los estudiantes. Obviamente ocurre el previsible choque entre ambos grupos y entre nacionalistas y agentes de la Policía, con el saldo trágico de cuatro nacionalistas y un policía muertos, además de medio centenar de heridos. Al siguiente día, durante el entierro de los nacionalistas, Albizu hace uso de la palabra, afirmando: «Venimos aquí a prestar juramento para que este asesinato no quede impune… Levantad la mano en alto todos los que se crean libres. Juramos todos que el asesinato no perdurará en Puerto Rico». Los asistentes al entierro responden a viva voz: «Lo juramos». Las tácticas radicales del nacionalismo continúan en escalada. En diciembre de 1935, reunido el partido en asamblea en la ciudad de Caguas, aprueba: declarar que el partido no concurrirá a más elecciones coloniales y boicoteará las mismas; demandar del gobierno de Estados Unidos su inmediata salida de Puerto Rico, pidiendo que lo haga pacíficamente o se preste a enfrentar las armas del pueblo; declarar obligatorio para todos los nacionalistas el servicio militar para formar su propio ejército, y procurar un empréstito en la Isla y en el exterior para financiar la lucha nacionalista. La nueva junta rectora del partido queda integrada por Albizu, presidente; Luis R. García Casanova, vicepresidente; Juan Antonio Corretjer, secretario, y Eduardo Ramú, Plinio Graciani, Pedro Ulises Pabón, J. M. Toro Nazario, Rafael Ortiz Pacheco, José M. Vidal, Pedro Pérez Pimentel, Alvaro Walker, Ramón Medina Ramírez, Ermelindo Santiago, Juan Alamo, Julio Pinto Gandía y Juan Cancel Matos, vocales. Hay quienes insisten en que la radicalización de Albizu es el resultado de su amargura con motivo de la aplastante derrota del nacionalismo bajo su presidencia en la elección general de 1932. Sin embargo, hay evidencia que comprueba que esa radicalización y su táctica de violencia como proceso hacia la conquista de la independencia de la Isla antecede a ese evento. Por ejemplo, en 1926 – seis años antes de la elección –, Albizu sostiene que «Puerto Rico debe plantear una crisis grave a la administración colonial para poder ser atendido en su demanda. Hasta ahora el colono ha formulado solicitud por cosas de poca monta. En Washington han desconocido a sus comisionados y éstos se han resignado a volver a hacer otra genuflexión. Una nación como la norteamericana, con enormes problemas nacionales e internacionales, no tiene tiempo para atender los hombres sumisos y serviles. Se requiere la formación de una organización rebelde que abarque todo el pueblo de Puerto Rico y que rompa definitivamente con el régimen de la colonia, y solicite de las naciones libres el reconocimiento de nuestra independencia para poder lograr la reconcentración de la mente norteamericana sobre nuestra situación».

A lo anterior se suman varios incidentes ocurridos antes de la elección de 1936. El 16 de abril de ese año Albizu pronuncia un apasionado discurso oponiéndose al proyecto del senador republicano Celestino Iriarte para convertir la bandera de Puerto Rico en enseña oficial, la cual los nacionalistas insisten – como hoy – en que es exclusivamente suya. Durante su discurso el líder nacionalista enardece a quienes lo escuchan y éstos penetran al Capitolio violentamente. Al ser rechazados por los agentes del orden público, uno de los manifestantes muere al romperse el pasamanos de la escalera por donde sube el grupo. En julio siguiente Albizu pronuncia otro fogoso discurso en el que fustiga como «vendepatrias» a Barceló, Iglesias y el juez presidente del Tribunal Supremo, Emilio del Toro Cuebas*, y asegura que de perder la vida un nacionalista a manos de la Policía, perderá la suya el juez presidente. (En junio anterior un nacionalista, Luis F. Velázquez, llega hasta la sede del Tribunal Supremo y abofetea a Del Toro Cuebas). También debe recordarse la asamblea nacionalista de 1930 en la que al dirigirse a los presentes antes de que se le elija presidente, dice: «Señores, no hay margen para tallar una política de sometimiento como la que ha venido prevaleciendo en Puerto Rico. Hay que postular una ideología nacionalista franca y definitiva frente a los invasores. No hay margen para una actitud fraternal y solidaria con los enemigos de la patria. Hay que ponerse de frente al invasor valientemente, de lo contrario estaremos destinados a perecer irremediablemente».

También te puede interesar

Mimes

José A. Mari- Mimes son las moscas diminutas que se encuentran por miles en las frutas caídas al suelo y que dentro de las casas

Ver Más »

Mozambique

José A. Mari- Quiscalus niger- Chango (Greater Antillean Grackle) reside todo el año en Puerto Rico. Habita a través de las Antillas Mayores y mide

Ver Más »
Los cobardes

Los cobardes

Una vez, Confucio caminaba junto a un discípulo por unas montañas de tupida arboleda. Sentían mucha sed, por lo que mandó a su alumno que

Ver Más »

Parque Colón

Aguadilla, Puerto Rico. El Parque Colón en Aguadilla es un parque familiar que cuenta con diversas atracciones para el disfrute de los niños. Entre ellas

Ver Más »

También te puede interesar

Tu opinión es muy valiosa. Déjanos un comentario

Antonio Quiñones Calderón, fue un destacado redactor de los desaparecidos diarios El Imparcial y El Mundo, también en un momento crucial de su trayectoria: la década del 60. En 1968, aceptó cumplir las funciones de Secretario de Prensa del entonces, recién electo gobernador de Puerto Rico, Luis A. Ferré. En el desempeño de esta posición, primero con Ferré y luego en los dos períodos de Carlos Romero Barceló, fue testigo excepcional de las transformaciones de la prensa puertorriqueña. Durante la decada de 1980, fue asistente de la dirección de El Nuevo Día y poco después sub director de El Mundo. Tiene publicados también varios libros de historia política.