Caguas Puerto Rico

EDPR- La afamada “ciudad criolla” o “corazón de Boriquén” ubica en el extremo oriental de la Cordillera Central. A Caguas, también, se le nombra como la “ciudad del Turabo” por extenderse a través del Valle del Turabo. Su superficie cubre 152.1 kilómetros cuadrados (58.7 millas ²). Según el censo de 2000, su población general era de 140,502 cagüeños. Once barrios comprenden su territorio: Bairoa, Beatriz, Borinquen, Caguas Pueblo, Cañabón, Cañaboncito, Río Cañas, San Antonio, San Salvador, Tomás de Castro y Turabo. Las fiestas patronales se celebran cerca del 24 de diciembre en honor al Dulce Nombre de Jesús.

Actualmente, Caguas se perfila como un gran centro industrial y comercial. Cuenta con más de 40 fábricas en las que se producen plásticos, ropa, artículos de cuero, tabaco, instrumentos fotográficos, piezas electrónicas, entre otras. También se destaca como un centro dedicado al turismo cultural y ecológico. Un ejemplo es el nuevo Jardín Botánico y Cultural de Caguas que además, es parte de la Revitalización del Centro Urbano Tradicional, donde ubican varios lugares y museos de interés para el visitante.

Geografía

Este municipio está localizado en el centroeste de la Isla y corresponde a la subregión denominada Valle Interior de Caguas, mejor conocida como Valle del Turabo. Limita al norte con San Juan y Trujillo Alto; al sur con Cayey y San Lorenzo; al este con Gurabo y San Lorenzo y al oeste con Aguas Buenas, Cidra y Cayey. El clima de este valle es húmedo tropical. Sin embargo, llueve menos que en los valles de la costa oriental. Aún así, sus suelos son fértiles y profundos.

Como típico valle, el pueblo está rodeado por montañas. La Sierra de Cayey asoma sus elevaciones por la parte sur (barrios San Salvador, Borinquen, Beatriz y Tomás de Castro). Ramificaciones de la Cordillera Central se presentan por la parte oeste (barrios Beatriz, Cañaboncito, Cañabón, Río Cañas y Bairoa) También, remanentes de la Cuchilla de Hato Nuevo alcanzan la parte norte (barrio San Antonio). En el barrio Bairoa encontramos los promontorios Altos de la Mesa 1,210 pies (368.80) y Altos de San Luis 820 pies (249.93). Además, Caguas comparte sus dos cerros más destacables con el municipio de Cayey pues estos quedan justo en la colindancia de ambos municipios. Estos son el cerro Lucero con 2,887 pies de altura (879.95) y el cerro Las Piñas con 2,440 pies de altura (743.71).

En cuanto a su hidrografía, Caguas es bañado por los ríos: Grande de Loíza, Quebradillas, Turabo, Caguitas, Bairoa, Cañaboncito y Cañas. Numerosas quebradas completan su sistema hidrográfico, entre éstas figuran: Arenas, El Cangle, Janer, Las Bambúes, Maracay, Morena, Naranjito, Beatriz, Sonadora, de las Quebradillas, del Horno, Algarrobo y Prieta. También parte del embalse Carraízo se extiende por el municipio. Por otro lado, cuenta con importantes depósitos de roca caliza y de caolín (arcilla blanca) y pequeñas reservas de cobre.

Fundación e historia

Este municipio debe su nombre al Cacique Caguax quien habitaba cerca de la confluencia de los ríos Turabo y Grande de Loíza. Durante la colonización española, este cacique aceptó ser cristianizado y no luchó en contra de los conquistadores.

Los primeros intentos de colonización del Valle de Caguas ocurrieron en las riberas del Río Turabo. Durante los primeros años de la colonización española dos aldeas se formaron en el valle: San Sebastián del Barrero y Dulce Nombre de Jesús del Piñal. A la altura de 1626, una real cédula otorgó el valle de Caguas a Sebastián Delgado de Rivera para fundar un hato para la cría de ganado. En ese entonces, el territorio abarcaba los actuales municipios de Caguas, Aguas Buenas, Gurabo, Juncos, Las Piedras y parte de San Lorenzo. Don Sebastián Delgado estableció su residencia en El Barrero, lugar donde se encontraba arcilla de alta calidad para la alfarería. Justo en ese lugar se erigió la Ermita de San Sebastián del Barrero.

No obstante, en 1729 se edificó otra ermita en la Aldea del Piñal. Allí, en el actual Gurabo, se ubicó un templo bajo la advocación del Dulce Nombre de Jesús del Piñal. Muy pronto este lugar pasó a ser el poblado más importante del Valle de Caguas. éste contaba con una Casa del Rey, una casa del cura, una cárcel, un corral, una gallera y una tienda mixta. Al mismo tiempo se inició la migración hacia el este, donde actualmente se encuentran los municipios de Las Piedras y de San Lorenzo.

Sin embargo, la naturaleza conspiró en contra de la Ermita del Dulce Nombre de Jesús del Piñal puesto que fue derribada en 1738 por el ciclón San Leoncio y aunque se reconstruyó fue derribada nuevamente por el ciclón San Agustín en 1772. Por ello, el templo allí edificado aparenta haber sido abandonado para comienzos de la década de 1770. Los vecinos retornan a la antigua ermita de San Sebastián del Barrero la cual a pesar de las tempestades seguía en pie. Estando los vecinos de vuelta en San Sebastián del Barrero solicitan al Gobernador Don Miguel de Muesas se les declare pueblo. La fecha de este evento no está clara, pero se sugiere constantemente el año 1775. La contestación a su petición debió tardar alrededor de cuatro años y coincidió con el cambio de nombre de la ermita la cual pasó a llamarse Dulce Nombre de Jesús de Caguas. Este cambio tal vez respondió al deseo de los vecinos de guardar memoria de su asiento en la Aldea del Piñal.

Mientras tanto, en 1776 , Fray Iñigo Abbad y Lasierra describía a Caguas como un lugar “en cuya inmediación hay cinco casas; las demás hasta 131 con 640 almas, están situadas en la extensión del vasto territorio que poseen entre los partidos de Río Piedras, Loíza, Las Piedras y Coamo, que está casi todo inculto, no obstante de ser de excelente calidad y producirse abundantísimamente el tabaco, algodón, café, caña de azúcar, arroz y cuantos frutos siembran, pues la tierra es naturalmente crasa, bien regada, de temperatura fresca y muy a propósito para la agricultura”. Dos años más tarde, el aspecto del pueblo era otro. Contaba con doce calles y cuatro callejuelas. Entre las principales se encontraban las calles Comercio, Rosario, Turabo, Alonso, Candelaria y Sanz.

Hacia 1820 la vida social era poco activa. Los vecinos visitaban el pueblo los días festivos para ir a misa, celebrar bodas y bautizos y participar de las peleas de gallos. Los barrios que integraban el municipio eran Agua Buena, Bairoa, Barra, Jagüeyes, Culebra, Cañabón, Cañaboncito, El Troche, Lima, Mesa Quebrada, Pierno, Río Cañas, Sumidero, Tomás de Castro, Turabo y Vega. Dos años después la lista aumentó con la aparición de los barrios Beatriz, Barrero, y más tarde Borinquen y San Salvador. Hacia finales del siglo XIX aparecerían los barrios Barra, Jaguar y San Antonio.

Una vez Caguas se constituyó en municipio, mejoraron sus viviendas y se ampliaron las calles. Constaba entonces la zona urbana de las calles Rosario (hoy Ruiz Belvis), La Candelaria (hoy Padilla el Caribe), Agricultura (hoy Don Rufo), Acosta que continúa con el mismo nombre, Luchana (hoy Carpio Alonso), Sol (hoy Padial), Turabo, (hoy Gautier Benítez) y Palma (hoy Jiménez Sicardó).

Símbolos

Bandera: Constituye la bandera un paño color azul adornado de flechas doradas entrecruzadas entre las cuales se encuentra el escudo del pueblo en su centro. El entrecruce de las flechas forma la Cruz de San Andrés la cual representa a San Sebastián del Barrero, primera aldea cristiana establecida en Caguas junto a la ermita del mismo nombre.

Escudo: Las figuras que se muestran en el escudo simbolizan la antigüedad y los orígenes tanto indígenas como cristianos de la ciudad. El escudo ostenta una corona estilo greco taíno en la parte superior como símbolo del Cacique Caguax y de la aldea que habitó en la región del Turabo. Seis flechas, puestas en aspas o cruz de San Andrés, se localizan en el centro; éstas, además de ser armas ofensivas de los indios taínos, representan la conversión al cristianismo del mencionado cacique. También, guardan relación con el primer poblado de la región, San Sebastián del Barrero. En la heráldica, las flechas representan a San Sebastián por ser el instrumento de su martirio. Alrededor de las flechas se ubican unas piñas que simbolizan la aldea del Dulce Nombre de Jesús del Piñal, segunda población cristiana de la región. Finaliza el escudo una corona mural de cinco torres como distintivo municipal.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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