No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Cóbana negra

José A. Mari- Stahlia monosperma (Fabaceae). La cóbana negra es un árbol siempre verde mediano, de hasta 50 pies de altura con tronco de 2 o más pies de diámetro. Se caracteriza por su copa esparcida; su tronco corto y torcido, generalmente bifurcado a baja altura, con corteza gris agrietada que se desprende en placas, dejando una corteza inferior pardo rojiza; sus hojas compuestas por hasta 12 hojuelas ovaladas o alargadas, con tallitos cortos y rojizos, en el envés con pequeñas glándulas negras que huelen a sudor cuando se raspan; sus ramilletes erectos de lindas flores amarillo-cremosas, cada una de aproximadamente media pulgada de diámetro; y su fruta roja con pulpa amarilla, olor fuerte a acerola o jobo, y una sola semilla muy grande (monosperma significa con una semilla). Florece de febrero a junio y la fruta madura de la primavera al otoño. Los murciélagos consumen la pulpa y dispersan algunas de las semillas, las frutas restantes se dispersan con la escorrentía o permanecen alrededor del árbol. Se dice que las semillas también pueden ser dispersadas por cangrejos. El nombre del género honra a Agustín Stahl, quien durante la segunda mitad del siglo 19 estudió e ilustró nuestra flora.

El árbol es nativo del este de la República Dominicana y de Puerto Rico. Crece naturalmente en varias localidades del suroeste de la Isla, en un área de Río Grande y en Vieques. En estos lugares habita mayormente cerca de manglares. En el año 1996 se estimó que quedaban en la isla unos 95 árboles, sin contar ejemplares sembrados en los bosques de Cambalache, Susúa, Vega, y en el Recinto Universitario de Mayagüez (donde hay 20 árboles adultos). Puede crecer en suelos fértiles y húmedos, pero en estos lugares su crecimiento lento no le permite competir bien con otros árboles. Merece sembrarse para ornato por su tamaño mediano, y sus llamativas flores y frutas.

La albura es de color crema o crema-rosáceo y el duramen es pardo-chocolate con franjas pálidas. La madera es pesada, de fibra mayormente recta y lustre excelente. Exhibe anillos de crecimiento y al cortarse produce un agradable pero efímero olor a rosas. Se usa ocasionalmente para artículos torneados y partes pequeñas de instrumentos de cuerda. El árbol escasea porque los ejemplares grandes se cortaron para exportar la madera y para usarla localmente en ebanistería y construcción. La madera que consiguen los artesanos proviene de vigas de edificios antiguos y de árboles cortados durante proyectos de construcción y podas  bajo el tendido eléctrico.

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José Mari Mutt nació y se crió en Mayagüez, Puerto Rico. Obtuvo el grado de Bachiller en Zoología en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico y los grados de Maestro y Doctor en Entomología en la Universidad de Illinois. Durante 35 años trabajó como profesor de Biología en el RUM. Fue Editor del Caribbean Journal of Science durante doce años y Director del Departamento de Biología, de la Oficina de Publicaciones del Colegio de Artes y Ciencias, de la Oficina de Estudios Graduados y de la Biblioteca General. Casi una centena de artículos científicos y especializados dan cuenta de su intensa y comprometida trayectoria. Una de sus más recientes iniciativas es Ediciones Digitales, un proyecto académico de acceso abierto, sin fines de lucro y sin más propósito que compartir en la red los resultados de diversas investigaciones.

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