No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Coquíes

José A. Mari- De Puerto Rico se han descrito diecisiete especies de coquíes, pero algunas son pococomunes y tres se presumen extintas. Dos se acercan con regularidad a las casas y no es raro encontrarlas, o más bien escucharlas, cuando cantan entre las plantas de los balcones y las terrazas.

Durante periodos secos visitan las regaderas, los grifos y las piletas en búsqueda de humedad. Los coquíes pertenecen al género Eleutherodactylus, del griego para dedos libres, porque los dedos no están unidos por una membrana como sucede en los sapos y las ranas, que se reproducen en el agua. Los coquíes, aunque requieren ambientes húmedos, ponen sus huevos fuera del agua y luego del periodo de incubación emergen coquíes en miniatura. Estas ranitas comen mayormente insectos, arañas, gungulenes y caracoles que capturan de noche, el día lo pasan escondidos entre las hojas, la hojarasca, las piedras, la corteza de los árboles y ocasionalmente en nidos abandonados de reinitas. Sus enemigos principales son las arañas peludas, las culebras, las siguanas, los lagartijos grandes, las garzas y las aves. Los machos son los únicos que cantan y cuando lo hacen inflan mucho la garganta.

Dos especies dicen co-quí: Eleutherodactylus coqui, que se encuentra en toda la isla (coquí común, common coqui; foto arriba y primera en la próxima página) y E. portoricensis, que se limita a las montañas (coquí de la montaña, upland coqui). Los conocedores distinguen las dos especies por el canto (donde viven juntas el co-quí de la primera es más lento) y por varias diferencias de color y morfología que no son inmediatamente evidentes para el observador casual. Hasta donde sabemos, solo E. coqui se acerca a las casas. La voz del coquí común va dirigida tanto a las hembras, para atraerlas, como a los machos para indicarles que el cantante tiene un territorio de varios pies de diámetro que está dispuesto a defender con mordiscos de ser necesario. Los machos con territorios adyacentes intercalan sus voces para no emitirlas simultáneamente.

La hembra sigue el canto del macho y éste la guía hasta un lugar adecuado para el desarrollo de los huevos. Allí sucede la cópula, el macho transfiere sus espermatozoides al interior de la hembra y los huevos son fecundados antes de salir y ser puestos en una masa compacta.

Ocasionalmente, el macho atrae una o dos hembras adicionales que ponen sus huevos en la misma masa, por lo que puede llegar a tener 45 huevos. El macho pasa casi todo el tiempo con los huevos (arriba), protegiéndolos de depredadores y proveyéndoles humedad durante los 17 a 26 días que dura el desarrollo embrionario. Los recién nacidos tardan unos ocho meses en alcanzar la madurez sexual. La reproducción tiene lugar durante los meses húmedos y las hembras pueden reproducirse hasta seis veces al año. En cautiverio los adultos han vivido hasta cinco años. El coquí común es autóctomo de Puerto Rico pero ha sido introducido a las Islas Vírgenes, la República Dominicana, el sur de la Florida, Louisiana, Hawái y California; en las dos últimas localidades han sucedido explosiones poblacionales que molestan a los residentes y amenazan la fauna local.

Eleutherodactylus antillensis es el otro coquí que regularmente se acerca a las casas. A diferencia del coquí común, que dice co-quí, éste dice chu-rí y con ese nombre, o como coquí churí, se le conoce. A parte de chu-rí, también dice comúnmente qui-qui-qui, quizás para demarcar su territorio. La distribución del churí es aun más amplia que la del coquí común porque sobrevive en ambientes más secos de la costa. Donde yo vivo en Aguadilla sólo canta el churí, pero media milla al sur, donde es más húmedo, también canta el coquí común. El churí se distingue de los otros coquíes por sus ojos rojos y por esta peculiaridad le llaman en inglés red-eyed coqui. Los machos aparentemente no cuidan los huevos como lo hace el coquí común. El churí es nativo de Puerto Rico y las Islas Vírgenes (británicas y estadounidenses). Ha sido introducido a Panamá.

Foto: José Mari.

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José Mari Mutt nació y se crió en Mayagüez, Puerto Rico. Obtuvo el grado de Bachiller en Zoología en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico y los grados de Maestro y Doctor en Entomología en la Universidad de Illinois. Durante 35 años trabajó como profesor de Biología en el RUM. Fue Editor del Caribbean Journal of Science durante doce años y Director del Departamento de Biología, de la Oficina de Publicaciones del Colegio de Artes y Ciencias, de la Oficina de Estudios Graduados y de la Biblioteca General. Casi una centena de artículos científicos y especializados dan cuenta de su intensa y comprometida trayectoria. Una de sus más recientes iniciativas es Ediciones Digitales, un proyecto académico de acceso abierto, sin fines de lucro y sin más propósito que compartir en la red los resultados de diversas investigaciones.

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