No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

El Estado Libre Asociado de 1922

El año 1922 despierta con un cambio ideológico radical en el seno unionista. En enero, el congresista Philip Campbell (republicano por Kansas), complaciendo a Barceló y Miguel Guerra Mondragón, presenta en el Congreso un proyecto de ley disponiendo una nueva ley orgánica para la Isla: el proyecto Campbell, que aboga por la conversión de Puerto Rico en un Estado Libre Asociado. El Partido Unión de Puerto Rico rápidamente descarta la aspiración independentista de su programa, y ofrece su total respaldo al propuesto Estado Libre Asociado. El proyecto propone la elección de las dos Cámaras Legislativas puertorriqueñas mediante el voto popular, las que al constituirse luego de la elección general designarían al gobernador, un comisionado en Puerto Rico de Estados Unidos, cuya función es la de supervisar y cancelar medidas legislativas que afecten los derechos de la soberanía norteamericana sobre la Isla, mientras deja intactas las disposiciones económicas y fiscales en la relación entre la Isla y Estados Unidos. En febrero, una asamblea unionista presidida por Barceló ratifica su apoyo al Estado Libre Asociado. Sostiene la declaración de apoyo que la creación en Puerto Rico de un Estado, Pueblo o Comunidad, que sea libre y que sea Asociado a Estados Unidos de América, «es el desideratum de las aspiraciones de los puertorriqueños, y resolverá de una manera honrosa, satisfactoria y definitiva el problema – pendiente aún de solución – de cuáles han de ser las relaciones entre ambos pueblos», por lo que «es desde hoy el Programa de la Unión de Puerto Rico; y …a la conversión de ese programa en realidad viva consagrará desde hoy sus redoblados esfuerzos el glorioso partido que fundaron en hora solemne próceres inmortales de nuestra Patria, y sigue siendo el llamado a crear en ella una obra, como ellos, inmortal»

La legislación de Campbell muere en el Congreso sin mucho lloriqueo en Puerto Rico. Pero abona al mar de polémicas e incertidumbre de la Unión.

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Antonio Quiñones Calderón, fue un destacado redactor de los desaparecidos diarios El Imparcial y El Mundo, también en un momento crucial de su trayectoria: la década del 60. En 1968, aceptó cumplir las funciones de Secretario de Prensa del entonces, recién electo gobernador de Puerto Rico, Luis A. Ferré. En el desempeño de esta posición, primero con Ferré y luego en los dos períodos de Carlos Romero Barceló, fue testigo excepcional de las transformaciones de la prensa puertorriqueña. Durante la decada de 1980, fue asistente de la dirección de El Nuevo Día y poco después sub director de El Mundo. Tiene publicados también varios libros de historia política.