Fajardo

José A. Mari Mut- El faro de Fajardo, o Faro de las Cabezas de San Juan, entró en servicio el 2 de mayo de 1882, siendo el primer faro inaugurado bajo el plan de iluminación marítima de la Isla. Sus primeros torreros fueron Ramón Dordal (quien murió de malaria a las tres semanas de asumir el puesto), José Pérez Barrios y José Rodríguez Parada. Fue diseñado por Enrique Gadea y construido por Manuel Nursa en el punto más alto del extremo noreste de la Isla. Debido a la altura del lugar, la torre de 36 pies adosada a la fachada posterior es una de las más bajas construidas en la Isla.

El edificio mide 98 pies de largo por 41 pies de ancho. Se pintó de gris y blanco con ventanas verdes, los mismos colores que tiene hoy. Tres características distintivas de este faro son la presencia de un pórtico en la entrada, la ausencia de una balaustrada de hierro en la torre y el elaborado diseño de la escalera de la torre, definitivamente la más bella entre de faros locales. La escalera carece de columna central, por lo que al igual que en el faro de Cabo Rojo, las pesas que rotaban el lente descendían por un conducto empotrado en la pared de la torre. El combustible para la lámpara se almacenó en un cuarto ubicado debajo de la torre. El lente de tercer orden, que proyectaba su luz a dieciocho millas de distancia, fue sustituido en el 1916 por uno de cuarto orden que fue destruido en el 1932 por el Huracán San Ciprián. Se instaló otro lente de cuarto orden, seguido por la lámpara eléctrica actual, diseñada originalmente para uso en aeropuertos. Durante la década del 1950 se hicieron renovaciones significativas, que incluyeron la redistribución de espacios interiores, la instalación de una balaustrada de hierro en la torre y la adición de una puerta posterior, pero el piso de mármol y el techo de ladrillos se mantuvieron intactos. En el 1975 los terrenos circundantes fueron adquiridos por el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, entidad que en el 1990 restauró meticulosamente el faro.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

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José Mari Mutt nació y se crió en Mayagüez, Puerto Rico. Obtuvo el grado de Bachiller en Zoología en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico y los grados de Maestro y Doctor en Entomología en la Universidad de Illinois. Durante 35 años trabajó como profesor de Biología en el RUM. Fue Editor del Caribbean Journal of Science durante doce años y Director del Departamento de Biología, de la Oficina de Publicaciones del Colegio de Artes y Ciencias, de la Oficina de Estudios Graduados y de la Biblioteca General. Casi una centena de artículos científicos y especializados dan cuenta de su intensa y comprometida trayectoria. Una de sus más recientes iniciativas es Ediciones Digitales, un proyecto académico de acceso abierto, sin fines de lucro y sin más propósito que compartir en la red los resultados de diversas investigaciones.

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