No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Francisco Ulanga

En el año 1810, un joven llamado Francisco Ulanga oriundo de Santander España, se estableció el pueblo de Arecibo. Deseoso de ser un hombre próspero y de provecho a la sociedad, comenzó inmediatamente a trabajar en sus meta. Fué la primera persona en traer y financiar máquinas de vapor para utilizarse en las haciendas azucareras.

Ese empeño y dedicación por la agricultura también lo compartía por el pueblo de Arecibo. Fué asignado como representante del mismo por el gobernador Español Don Miguel de la Torre en el 1836.

En 1850 contribuyó al desarroyo urbano de Arecibo al construir el primer edificio de tres pisos de la ciudad hoy conocido como Casa Ulanga. Desde Entonces esta antigua edificación ha sido una de las estructuras más significativas del pueblo. Tiene una localización prominente cerca a la plaza, del Centro Histórico y al Paseo Victor Rojas.

En el 1860 Don Francisco Ulanga fue alcalde de Arecibo Durante la dominación española y se destacó notablemente. Para esa fecha se desató la epidemia de Cólera en Puerto Rico y Don Francisco Ulanga ofreció sus bienes y hasta su vida para ayudar a las victimas en Arecibo y en todo Puerto Rico. Hoy en su honor el Centro de Arte, Historia y Cultura de Arecibo lleva por nombre: Centro de Arte, Historia y Cultura Francisco Ulanga muy conocido en Arecibo como La Casa Ulanga.

Durante el siglo 18, Arecibo tenía solamente una iglesia, la casa parroquial y pequeño cuartel para la milicia. Lo poco que había eran terreras, de madera y con techos y pisos con tablas o palma. Pero para el 1810, la población de Arecibo aumentó grandemente y la economía tubo igual efecto.

Llega a Arecibo, un joven desde España llamado Francisco Ulanga el cual se percató del gran auge comercial y agrícola, dedicandose por completo a trabajar en esto. Ya para el 1836 se hallaba n posesión de una gran fortuna y prestigio personal.

Fue designado representante del pueblo ante la Junta convocada para actuar en la capital durante el mando del Gobernador Mariscal, Don Miguel de la Torre.

Don Francisco fundó “Ulanga y Compañía” junto a Don Manuel Ortíz y se establecieron en el mismo Arecibo.

Ulanga y Compañía operaba como un pequeño banco agrícola que logró cambiar el aspecto de Arecibo. Se fueron modernizando los ingenios substituyendo el antíguo trapiche por la máquina de vapor. Don Francisco era un hábil mecánico que supervisaba y dirigía la instalación de estas máquinas.

Más tarde, construyó un hermoso edificio de dos plantas hacia el frente y tres en la parte de atrás de un magnífico portaje de caoba y unas escaleras de marmol.

Al poco tiempo de ocupar esa casa, cuando una parte facultativo dado en la mañana del 31 de diciembre de 1855, se informa que el cólera se había introducido en Arecibo. Para la tarde del ese día había seis personas padeciendo del mal. Luego de 24 horas ya eran 12 y habían muertos 2.

El Corregidor (alcalde) enfermó de lo mismo y Don Francisco Ulanga fue llamado a ocupar este puesto y consciente de su deber cívico aceptó.

Del 3 al 7 de enero de 1856, Ulanga dió parte de 181 personas muertas y 245 nuevos casos. Esta enfermedad cobró, en Arecibo solamente, 1502 muertes y la población se redujo alarmantemente. Arecibo fue abandonado, refugiándose en los campos todo el que lo pudo hacer, quedando en el pueblo solo los pobres.

El Alcalde Ulanga es cuando hace una acto de heroísmo. Abandona sus propios intereses, y dedica por completo a auxiliar a los enfermos y necesitados, con el mismo empeño que antes había dedicado al trabajo.

Se dedicó a ayudar a los enfermos y necesitados, pagando de su propio dinero un almuerzo cada día para los pobres que permanecía en el pueblo. Al ser abandonado la Villa de Arecibo, se paralizó todo el comercio y no había ya alimentos para los que quedaron.

Muchas veces, con mayor riesgo para él, tuvo que ayudar a llevar los cadáveres, pues ni pagándoles bien se encontraban voluntarios para este trabajo.

Cuando la Emergencia terminó, sele pidió que continuara con el cargo de alcalde el cual él aceptó.

Lo siguente es tomado del libro Leyendas Arecibeñas de Francisco M. Cadilla

Francisco Ulanga

Los Vizcainos nos dieron un heróico benefactor, que Arecibo, debiera recordar siempre: Don Francisco Ulanga. Hombre inteligente, generoso, dinámico, fundó en Arecibo la mercantil que giró bajo la razón social de Ulanga &^Compañia: el banco agricola regional del siglo 19.
Estableció el sistema de conceder préstamos para la siembra y cultivo de la caña de azúcar, estimulando personalmente a los dueños de los antiguos trapiches (movidos por tracción animal) para que instalaran modernas maquinarias; facilitándoles recursos para adquirirlas y tomando a su cargo la importación e intalación de aquellas.

Fué el agnegado alcalde que asumió la defensa de la salud pública, durante los asiagos días en que nos visitara la cólera a fines del 1855 y comienzos del 1856.
Los habitantes de la Villa marcharon a los más remotos campos, huyendo de la cólera. Se paralizó la industria, cerrándose el comercio y el terror cundió por todo Arecibo.

Los pobres no hallaban donde ganar el sustento diario y la situación era caótica.
En medio de tales adversidades, el vizcaino organizó los servicios m€édicos para el pueblo y campo, prestando asistencia a los enfermos al para que atendía los asuntos corrientes del municipio.

Vencida la epidemia y restaurada la tranquilidad, reintegróse a sus ocupaciones habituales; laborando siempre por el bienestar y progreso de Arecibo.
Levantó en la ciudad una magnífica construcción, en la que hoy funciona El Centro de Arte y Cultura de Arecibo con el nombre, de dicho edificio, como La Casa Ulanga en recuerdo de su benefactor vizcaino.

Ulanga merece un monumento que le recuerde para siempre; mientras no se eriga, Arecibo no habrá saldado su deuda de gratitud para con el héroe civil de 1856.

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Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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