No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

José Julián Acosta y Calbo

PDT- Nació en San Juan el 16 de febrero 1825, en la casa No. 6 de la calle O’Donell, situada en la antigua plaza de Santiago, hoy plaza de Colón. Maestro, político, periodista distinguido y abogado ferviente de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico.

Fueron sus padres don Francisco de Acosta y Sandoval, Notario de Reinos, Escribano público de Gobierno y Guerra, natural de Puerto Rico; y su madre, la señora dona Juana Galbo y Garriga, procedente del Señorío de Vizcaya en la ciudad de San Sebastián (España).

Las primeras letras, le fueron enseñadas por la maestra Jacinta Ramírez, asistiendo después al Colegio del Conde Carpegua que regenteaba don Juan Basilio Núñez.

Acosta era uno de los estudiantes más destacados de Rafael Cordero. Rafael Cordero le brindó clases durante sus años educativos primarios y secundarios. La influencia de Rafael Cordero perduró en Acosta el resto de su vida.

Trasladada la familia a Ponce siguió sus estudios hasta concluir la instrucción primaria, en el colegio de los señores don Vicente Silva y don Lorenzo Sancho.

A los 13 años de edad se trasladó de nuevo a San Juan, siguiendo sus estudios en el Seminarlo Conciliar, donde obtuvo el grado de Bachiller. A los 17 años empezó a enseñar gramática castellana, y la gratificación que recibiera, la empleaba en costear los gastos de estudios de su hermano menor Luis Gustavo.

En setiembre de 1845, explicó la cátedra de retórica en el mismo Seminario; en ese año presentó una exposición al Municipio de San Juan, presentándose a oposición a una escuela de instrucción; no fue atendida por ser menor de edad. Contaba 20 años.

Además de esas cátedra daba lecciones particulares a las principales familias de la ciudad de San Juan, recordando siempre con orgullo haber sido maestro de las hermanas Vizcarrondo, una de ellas la madre los señores Elzaburu; el maestro del niño Julio Vizcarrondo, el que más tarde había de ser el fundador de la “Sociedad Abolicionista Española.” Acosta, siempre estudioso, asistía también por esa época a la clase de anatomía que se explicaba en el Hospital Militar. Su deseo vehemente era poder ser Doctor en Leyes, cosa que no pudo conseguir, por no permitírselo sus recursos pecuniarios.

En abril de 1846 y en la fragata “Ceres” embarcó para España, en unión de su compañero inseparable, Román Baldorioty de Castro; los dos jóvenes fueron llevados a estudiar por su protector, el venerable sacerdote doctor don Rufo Manuel Fernández. Acosta dejó escritas unas notas o diario del viaje hasta Cádiz; en dicha ciudad visitó la prisión en que estuvo el célebre general venezolano Miranda.

De Cádiz siguieron viaje el doctor Rufo, Baldorioty y Acosta a Sevilla, donde además de visitar los principales monumentos, conocieron y trataron entre otras personan a don Alberto Lista, uno de los poetas más distinguidos y gran matemático, historiador y filósofo.

En agosto llegaron a Madrid, donde Acosta y Baldorioty empezaron sus estudios, habiéndolos terminada en 1851, graduándose de licenciados en Físico-Químico Matemáticos, con las notas sobresalientes y habiendo obtenido Acosta cinco diplomas de Honor.

Perteneció a un grupo de jóvenes puertorriqueños que estudiaban en España y dirigidos por Alejandro Tapia y Rivera, organizaron en Madrid, en 1851, la Sociedad Recolectora de Documentos. El grupo se dio a la tarea de buscar en los archivos españoles documentación primaria, referente a Puerto Rico.

Al terminar sus estudios, en Madrid, se trasladó a las universidades de París y Berlín, perfeccionándolos y habiendo aprendido el francés y el alemán. En 1852 publicó en París, un trabajo histórico, sobre el sabio neogranadino, Francisco José Caldas, fusilado por el general español Morillo, en la horrenda reacción de 1816, y en donde exterioriza sus sentimientos, si bien veladamente; sobre la causa de los PATRIOTAS en América. Caldas en su juventud y Jovellanos en sus últimos años fueron el culto y la admiración de Acosta, pues estos dos sabios, encarnaron el problema de la “cultura educacional’ de sus respectivos pueblos.

En Berlín fue maestro de Acosta el famoso químico, y profesor Ramelberg (Barón de Rosses), y a cuyas cátedras asistía Acosta, advirtiendo siempre que uno de los concurrentes a la misma era el Principe Imperial, más luego el emperador Federico Guillermo II. padre del Kaiser. Recibió lecciones del sabio Barón de Humboldt, a quien le presentara su profesor el Barón de Rosses.— condiscípulo de Acosta, en Berlín, lo fue también Adolfo Ruiz Belvis, que estudiaba medicina en Berlín. Igual acogida, mereció Acosta del Embajador de España, Marqués de Viluma y del Secretario de la Embajada, don Evaristo Pérez de Castro.

Acosta regresó a Madrid y rehusa una cátedra en la Universidad Central para volver a Puerto Rico donde tenía un compromiso que cumplir, puesto que tanto él como Baldorioty, habían ido a estudiar con becas dadas por la ‘Sociedad Económica de Amigos del País”, y regresar al país y dedicarse a la enseñanza. Regresó Acosta a Puerto Rico, y en 1834 empezó a explicar la cátedra de agricultura, en la ‘Escuela de Comercio y Agricultura’, creada por el general Norzagaray; desde esa época empieza la lucha de Acosta, tanto en la enseñanza como en la política de su país.

Posteriormente, fue catedrático y luego director del Instituto de Segunda Enseñanza de San Juan. Ejerció la docencia en el Seminario Conciliar y en la Escuela de Comercio y Náutica.

En 1855 ocurrió un motín y sublevación de algunos artilleros y en el que se quiso comprometer a Acosta, delatándole ante el general Lemery, Gobernador entonces de Lemery, Gobernador entonces de Puerto Rico, de que “Acosta era de ideas subversivas, que había estado hablando con los artilleros puestos en capilla y a quienes había alentado y prometido venganza.”

El general Lemery mandó a decirle, “Pueden decir ustedes al señor Acosta que en el papel que queda de este cigarrillo que estoy fumando, puedo firmar su sentencia de muerte: y muerto se queda”.

El general Rafael Echague, Capitán General de Puerto Rico, en comunicación oficial de 14 de enero de 1862, decía al Ministro de Ultramar, refiriéndose a Acosta y a Baldorioty de Castro, catedráticos de la Sociedad Económica de Amigos del País.

“Pero al recurrir para providenciar los antecedentes de dichos funcionarios que se llaman don Román Baldorioty de Castro y don José Julián Acosta, catedráticos de la Escuela de Agricultura y Comercio de esta Ciudad, he observado que los nombramientos se encuentran aún pendientes de la CONFIRMACIÓN DE S. M. a propuesta de la Junta de Comercio, quien los designó a uno de mis antececres para llenar ese cometido y cuya propuesta, con otros pormenores, fue elevada a S. M. en carta de 2 de marzo de 1855. Según dejo indicado a V. E. dichos catedráticos son de los que más se distinguen por su desafección al Gobierno de S. M. por sus conocidas miras de independencia, por sus ideas YANKEES, propendiendo por último a esa tendencia democrática a que arrastra y fascina a la juventud la nueva Escuela Americana, nacida y alimentada en los Estados Unidos.

El general Echague pedía al Gobierno español de Madrid, en dicha comunicación que no se aprobase; dicho nombramiento y
“que se elijan otros dos sujetos que reúnan las condiciones de PATRIOTISMO Y ADHESIÓN que tan necesarios son a cuantos se consagran al servicio de España”.

En 1858 se trsladó Acosta a la ciudad de Caracas, República de Venezuela, para contraer matrimonio con la señorita Josefa Quintero Hernández, hija del estadista venezolano doctor don Ángel Quintero y doña Soledad Hernández.
Fue el doctor Quintero jurisconsulto competente, Ministro de Gobernación y de Relaciones Exteriores, Presidente del Senado, y fue designado para la Presidencia de la República.

Al regresar acosta a Puerto Rico, lo comisionó el Gobierno para ir a estudiar y analizar las tierras de las islas Mona y Monito.

En ésa época escribió en el Boletín Mercantil en pro del “Brazo Libre”, y se opuso a la introdución de colonos chinos y exteriorizó sus ideas abolicionistas, mereciendo desde entonces la prevención ‘y desconfianza de los defensores del régimen colonial imperante.

En 21 de diciembre de 1865 fue elegido para representar a Puerto Rico en la célebre Información, que convocara el entonces Ministro de Ultramar, Cánovas del Castillo, para reformar el Gobierno y administración de Cuba y Puerto Rico. Igualmente fueron elegidos por el pueblo puertorriqueño, Segundo Ruiz Belvis, Francisco Mariano Quiñones y Manuel P. Zeno. En 1866 embarcó Acosta para España y en la célebre sesión de noviembre de 1886, en unión de sus compañeros Ruiz Belvis y Quiñones presentó la célebre moción, solicitando “La Abolición en Puerto Rico de la funesta institución de la esclavitud, con indemnización o sin ella.”

Por esa fecha publicó Acosta, anotándola, la Historia de Puerto Rico, escrita por Fray Iñigo Abad de la Sierra, mereciendo por su trabajo y notas ser nombrado “Socio Correspondiente, de la Real Academia de la Historia.”

En1868 ocurrió en Puerto Rico la célebre “Insurrección de Lares”, y en octubre de ese año fue preso Acosta en unión de sus buenos amigos don Julián E. Blanco, doctores Goyco, Romero Togores y don Rufino Goenaga, y los que fueron llevados al Castillo del Morro.

Hizo la prisión de Acosta, el alcalde de San Juan, que lo era entonces don Ramón Fernández, Marqués de la Esperanza, a quien derrotara Acosta en la elección para la Información de 1865.

Del Castillo del Morro fue trasladado Acosta a la cárcel de Arecibo, así como sus demás compañeros. En las bovedas del Morro, escribió Acosta un trabajo que publicara después al recobrar su libertad, y que titulara “Horas de Prisión, trabajo que más tarde fue criticado por un puertorriqueño residente en Madrid, y que al criticar dicho trabajo le agregó las siguientes palabras. “Bien merecidas”. Pues Acosta, no era más que un filibustero.” Ese puertorriqueño en esa época, hacía política en Madrid, integrista, y se llamaba Antonio Cortón.

Estuvo Acosta preso en Arecibo, hasta mediados de noviernbre del mismo año en que consiguió la libertad bajo fianza, que prestara su amigo, don Luis Salicrup, de Arecibo.

En 1869 embarcó para España en unión de su compañero y amigo Román Baldorioty de Castro, después de ser AMNISTIADO por los sucesos de Lares. En España permaneció hasta que fué relevado el general Sanz, y a cuyo objeto trabajó en Madrid. En 15 de mayo de 1870, salió de España para Puerto Rico, y el viaje de regreso lo hizo en el misino vapor correo, en que venía el nuevo capitán General de Puerto Rico, su amigo el general Baldrich, y por lo que meses después sirvió de pretexto a los incondicionales, para decir: “Que Acosta durante aquel viaje había trastornado el juicio del General Baldrich’.

En 1871, disipado el miedo que inspiraran sus ideas abolicionistas, el distrito de San Germán, le elige Diputado a Cortes. Diputados fueron también, las siguientes personalidades, cuya enumeración, darán idea de la cultura, civismo y empuje de los liberales reformistas; Luís María Pastor, Dr. Pedro Mata, Wenceslao Lugo Viñas, Joaquín María Sanromá, Francisco Mariano Quiñones, Julián E. Blanco, Manuel Corchado, Román Baldorioty de Castro, José Antonio Alvarez Peralta, Luis Padíal, y José Facundo Cintrón.

En Madrid presidió la Comisión de los Diputados puertorriqueños, que fue a saludar y presentar sus respetos al Rey don Amadeo de Saboya y a nombre de sus compañeros dirigió la palabra a aquel Monarca, y en cuyo acto, se ofreció un testimonio de adhesión del espíritu nacional de Puerto Rico, hacia la Madre Patria, reafirmó las aspiraciones de Puerto Rico, demandando libertades y reformas y entre estas la de la Abolición de la Esclavitud.
De aquellas Cortes son los proyectos de Ley, sobre Abolición de la Esclavitud, inmediata, con indemnización, y otro sobre CONSTITUCIÓN para Puerto Rico.

En 1873, se fundó y estableció en la ciudad de San Juan, el primer Instituto Civil de 2da. Enseñanza. Acosta obtuvo la Cátedra de Geografía e Historia, y al inaugurarse aquel plantel de enseñanza fue designado por el Gobierno, Director del mismo. Cesó en su puesto al suprimirse dicho Instituto, en la aciaga reacción de 1874, del general Sanz en su segundo Gobierno.

Durante la agitada época de 1873, presidió el “Comité Central”, del Partido Liberal Reformista, de Puerto Rico. Este comité, y contra el parecer de Acosta, declaró al Partido Liberal Reformista, Republicano Federal.

En 1878, le comisionó la Diputación Provincial, para que en unión de los doctores C. Grivot Grand-Court, y don Agustín Stahl, estudiasen e informasen en relación a la enfermedad, causas y remedios de la caña de azúcar en el Departamento Oeste de la isla. Los comisionados cumplieron con su misión y Acosta redactó “La Memoria”, de aquella investigación.

Por aquella época fúndase el Ateneo Puertorriqueño, y don Francisco de Acuña fue su primer Presidente. En sus salones, dió Acosta una serie de conferencias sobre el Antiguo Egipto y sobre el teléfono.

En 1878,- defiende a su amigo y compañero, Román Baldorioty de Castro, que habiendo regresado de la capital de Santo Domingo, trató de establecer en Mayagiiez un colegio “o Escuela Filotécnica.” Don José Pérez Moris, desde su periódico “El Boletín Mercantil,” combatió rudamente aquel proyecto, que no pudo realizarse.

En el año 1886, verificáronse elecciones para Diputados a Cortes en Puerto Rico, y Acosta presentó su candidatura por su antiguo distrito de San Germán, quien lo eligió Diputado a Cortes. Fiel a los compromisos contraídos embarcó para España, pero cuántas decepciones y tristezas le esperaban. El Congreso anuló su acta de Diputado a Cortes, merced a una petición que hiciera desde Puerto Rico, el Jefe del Partido Español Incondicional, don Pablo Ubarri, y presentara el Diputado por Puerto Rico, el señor Lastres. Argullóse y así lo acordó el Congreso después de una acalorada discusión que la elección era legal, pero el diputado Acosta, estaba incapacitado para ser diputado, por cuanto que en la época de su elección era contratista del Gobierno, pues en su establecimiento tipográfico, se imprimía “La Gaceta Oficial”. La principal enemiga, que tuvo Acosta, en aquella Cámara fue la del repúblico tan insigne en la política española, como don Eugenio Montero Rías, quien para el candidato o diputado a Cortes don Guadalupe requería el distrito de San Germán.

Volvió Acosta a presentar su candidatura, más entonces fue derrotado por el cunero don Ángel Aviles, EMPLEADO DEL MINISTERIO DE ULTRAMAR, protegido del general Romualdo Palacios, siendo causa de dicha derrota la abstención de muchos liberales, ya autonomistas que querían que Acosta se declarase como afiliado a dicho Partido.

En Madrid y estando Acosta esperando el resultado de su nueva elección vió morir a su hijo mayor, el heredero de su nombre, víctima de aguda y rápida pulmonía, complicada con el tifus.

Al regresar a Puerto Rico derrotado, abatido, no doblegó su espíritu, ni se quebrantaron sus convicciones. Poco después de su regreso, su espíritu fue conturbado con los bochornosos sucesos que se desarrollaron en la época del general Palacios y conocidos en el país, con los bochornosos sucesos que se desarrollaron en la época del general Palacios y conocidos en le país con el nombre de “Los Compontes”.

Ocupó el cargo de Diputado a Cortes en 1871 y luego en 1879. Dictó conferencias en el Ateneo Puertorriqueño, institución que también ayudó a establecer. José Julián de Acosta publicó numerosos artículos sobre economía, educación, agricultura, crítica, tradiciones y apuntes biográficos de personajes famosos, que recogió en dos libros: Colección de artículos (1869) y Nueva colección de artículos (1870).

El 22 de marzo, 1873 fue un gran día para José Acosta Julián y todos los otros abolicionistas en Puerto Rico porque la esclavitud finalmente fue suprimida en la isla.

Su vida desde 1888 hasta su muerte, en 26 de agosto de 1891 en su residencia en Santurce, dedicóla a sus cátedras del Instituto Civil, a donde volviera a las ocupaciones mercantiles de su establecimiento de imprenta y Librería, y a estudios históricos literarios, como los escritos sobre Alejandro Farnesio, El Padre Didon y Jovellanos. Dedicóle igualmente a dar cátedras en la “Institución Superior de Enseñanza”. Su último acto político, fué su concurrencia, en un banquete, que los autonomistas de Mayagiiez, en primero de julio de 1890, dieron en honor del eximio patriota don José de Celis Aguilera.

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Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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