La riqueza de compartir

Un peregrino se quedó a pasar la noche debajo de un árbol en un bosque cercano al pueblo. En la más profunda oscuridad, oyó que alguien le gritaba:

— ¡La piedra! ¡La piedra!, dame la piedra preciosa.

El peregrino se levantó, se acercó al hombre que le gritaba y le dijo:

— ¿Qué piedra quieres, hermano?

— La noche pasada, –le dijo el hombre con voz agitada–, tuve un sueño en el que se me reveló que si venía aquí esta noche encontraría a un peregrino que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre.

El peregrino hurgó en su bolsa y le dio la piedra diciendo:

— La encontré en un bosque cerca del río. Puedes quedarte con ella.

El desconocido agarró la piedra y se marchó a su casa. Al llegar, abrió su mano, contempló la piedra y vio que era un enorme diamante. Durante toda la noche no pudo dormir. Se levantó con el alba, volvió al lugar donde había dejado al peregrino y le dijo:

— Dame, por favor, la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de un diamante.

La verdadera riqueza no consiste en acumular cosas sino en compartirlas. 

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Publicaciones que también te pueden interesar

Tu opinión es muy valiosa. Déjanos un comentario

Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

Patrocinadores de Oro

Respalda el Comercio de aquí y fortalece la economía