No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es ser incesantemente niños. No dejar saber lo que sucede en nuestro tiempo es ser intensamente irresponsables con las futuras generaciones. Un espí­ritu histórico no puede tener dudas de que ha llegado el tiempo de la resurrección de nuestro pasado, de la afirmación del presente y la esperanza del futuro. Esto es parte de ello…

Un suave estruendo

Un suave estruendo

Había una vez un hombre que desafió a Dios para ver si de Él recibía alguna respuesta.

“¡Dios, arde la zarza como hiciste con Moisés y te seguiré! ¡Derrumba las paredes como hiciste con Josué y pelearé! ¡Calma la tempestad como hiciste en Galilea y te escucharé!” Y así el hombre fue y se sentó cerca de un arbusto, al lado de una pared levantada muy cerca del mar y esperó a que Dios le contestase.

Y Dios escuchó al hombre, así que le respondió. Envió fuego, pero no para el arbusto, sino para la Iglesia. Derrumbó una pared, pero no de ladrillo, sino de pecado. Calmó la tempestad, pero no en el mar, sino en el alma. Y Dios esperó a que el hombre le contestase.

Y esperó… Y esperó… Y esperó…

Pero como el hombre estaba prestando atención a arbustos, no a corazones; a ladrillos, no a vidas; a mares y no a almas, pensó que Dios no había hecho nada.

Finalmente miró a Dios y le preguntó:

—”¿Has perdido tu poder?”

Y Dios lo miró y le respondió:

—”¿Has perdido el oído?”

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Publicación autorizada por el Administrador; Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Filito, Filito at Large, Diccionario de la Lengua Mechada, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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